El día de mi boda un hombre acostumbrado a andar con muchas mujeres se acercó a darme el abrazo y me dijo: “Ni modo, ya te atraparon, ahora eres esclavo”. Entendí que se refería a que ahora como casado ya no tendría oportunidad de conocer más mujeres. Eso fue hace 12 años y hasta hoy puedo decir que he sido un hombre de una sola mujer.

Ser fiel a tu pacto matrimonial y amar a tu esposa hasta el fin, al menos en el medio cristiano es lo esperado. Sin embargo mirando la cultura de hoy, el matrimonio es cada vez menos valorado. Ese abrazo de aquel hombre representa hasta cierto punto el repudio al compromiso de muchas personas hoy en día.

¿Es verdad que el matrimonio es convertirse en esclavo? Sí y no. Aquí te comparto ambas respuestas.

  

Sí es esclavitud

Si la esclavitud consiste en estar a merced de un amo y dedicar tu vida por entero a servirle, entonces sí, el matrimonio es convertirse en un esclavo.

La Biblia señala refiriéndose al matrimonio:  

La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa. 1 Cor. 7:4

Esto quiere decir que cuando te casas, ya no te perteneces a ti mismo sino que existes para el placer y la complacencia de tu pareja. El sexo en el matrimonio es el hermoso despliegue de esta entrega mutua, es el recordatorio constante de que le perteneces a una persona para toda la vida.

Pero no todo se trata de sexo (Le hablo a los jóvenes que están leyendo esto), la entrega mutua también consiste en agradar a tu pareja, hacerla feliz. Así lo dice también la Biblia:

 Pero el casado se preocupa de las cosas de este mundo y de cómo agradar a su esposa 1 Cor. 7:33

El matrimonio es servicio, es estar ahí para tu pareja, es complacerla en todos sentidos, es velar por sus necesidades y cuidarla como si fuera tu propio cuerpo.

Es por eso que sí, el matrimonio es muy parecido a la esclavitud, pero no debería serlo jamás en un sentido negativo de maltrato o “trabajos forzados”, sino en un sentido hermoso de dos seres que voluntariamente se entregan a la persona que aman y le dicen: “No iré a ningún lado, estaré aquí para ti”.

No es esclavitud.

Cuando la gente mira de lejos el matrimonio porque piensa que se trata de vivir confinado a una sola persona y temen al compromiso y a “perder su libertad”, en realidad es todo lo contrario; vivir como soltero de flor en flor es la verdadera esclavitud.

Lamentablemente las series y películas de hoy son las que marcan la línea a seguir en cuanto a la vida sexual. Nos dicen que está bien “probar” antes de casarse o que no tiene nada de malo acostarse con muchas personas durante tu soltería. En la TV luce divertido y “sano”, pero la realidad es muy distinta.

Por ejemplo, para las mujeres es doloroso entregarse a un hombre para luego ser rechazadas, queda una marca muy profunda en sus corazones. Para el hombre estar con una mujer y luego rechazarla para buscar a otra es una señal de su vacío interior, el cual intenta llenar con sexo, ¿La consecuencia? con el tiempo le resultará muy difícil amar de verdad. De ahí que tengan más miedo de casarse que las mujeres.

 

Vivir como soltero de flor en flor

es la verdadera esclavitud.

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¿No puedes estar con una sola mujer? Eso no es libertad, es esclavitud. Libertad es disfrutar del sexo como Dios lo diseñó, “unirte a tu pareja y llegar a ser uno solo”. Oh si pudieras saber que el sexo en el matrimonio es mucho mejor que los vacíos que dejan las relaciones impuras.

Por otro lado, a los hombres nos gusta pensar que podemos conquistar a una mujer, disfrutamos el hecho de saber que una mujer tan bonita como es, decida voltear a vernos por nuestros supuestos encantos. Esa predisposición de buscar conquistar también tiene su versión desordenada fuera del matrimonio. Creemos que somos más hombres si conquistamos a muchas mujeres. Error. Somos más hombres cuando somos capaces de conquistar a una sola mujer durante toda su vida. Seguir conquistando a mi esposa es una de las misiones de mi vida.

No te confundas, la verdadera libertad no se vive cuando haces todo cuanto te place, la verdadera libertad se vive cuando eres capaz de hacer lo correcto. Si no eres libre para hacer lo correcto, entonces aún estás en esclavitud y sólo Cristo puede ayudarte.

Escribí estas líneas por si acaso pudiera inspirarte a continuar, inspirarte a amar mejor, a dar más de ti, inspirarte a ser un hombre de una sola mujer. Yo quiero serlo, quiero acabar mi carrera bien, “beber las aguas de mi propio pozo” (Prov. 5:15), honrar a la mujer que me ha amado sin condiciones y cuidar a la madre que dio a luz a mis hijos, ella es un tesoro para mí.

Hoy cumplo 12 años de casado, 12 años esclavo, 12 años libre. El matrimonio es increíble.

“Mis ojos en ella,

sus ojos en mí,

nuestros ojos en Ti”.

Mi oración diaria.