¿No se dan cuenta de que los que hacen lo malo no heredarán el reino de Dios?… Algunos de ustedes antes eran así; pero fueron limpiados; fueron hechos santos; fueron hechos justos ante Dios al invocar el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.   -1 Corintios 6:9 y 11

      Cuando llegué a Cristo, dejé la mariguana, así que me sentía un héroe, creía que era un hombre de mucha fe y capaz de creer en Jesús y amarlo por encima de todo lo demás. Daba mi testimonio y me sentía bien de saberme victorioso y que la gente se alegrara de eso. Pero estaba equivocado, no me daba cuenta en ese entonces que Cristo era el autor de mi salvación, que no hice nada para ayudarlo y que la fe que ahora tenía no la había desarrollado como virtud, sino que era un regalo de Dios para mí. Más tarde aprendí, que Cristo es la médula y el sostén de nuestra vida cristiana y que ser cristiano no es un logro personal, sino un regalo.

El libro de Efesios lo dice así:

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia son salvos)”. Efesios 2:4, 5

Esto es igual a pensar en una operación cerebral de alto riesgo, uno está ahí acostado y dormido, mientras que el doctor pone todo su esfuerzo y experiencia durante largas horas. Al final, ¡la operación es todo un éxito! Tú sales caminando de ahí a los pocos días y ya no eres más un candidato a morir, sino que te esperan días buenos a lado de los tuyos.

   Así es la salvación. Uno no se opera así mismo, uno no se rescata de la muerte,  no es nuestra determinación, no es nuestra voluntad, no es nuestro esfuerzo, nada de eso, nosotros no tuvimos nada que ver, solamente estábamos ahí, al borde de la muerte y alguien hizo un milagro extraordinario en nosotros y nos salvó.

 Cuando el rescatado se siente el héroe.

Ahora bien, si uno fuera este enfermo recién operado, no andaría por la vida juzgando y menospreciando a todos los que no fueron capaces de sobrevivir una enfermedad como la suya ¿o sí? Como si este hombre hubiera sido el responsable de no morir. Sin embargo, una de las cosas que más se observan entre cristianos es que vemos de arriba hacia abajo a los que aún no conocen a Cristo. Los llamamos “impíos” los juzgamos severamente, “No es posible que exista este tipo de personas”, los odiamos, “me cae mal la gente así”, (y yo diría, “perdone usted su santidad”) y adivinen qué, al final del día, nadie quiere venir a Cristo, pues en vez de sentirse amados, se sienten juzgados.

Jesús mismo nos relató aquella historia del Fariseo que subió a orar y dijo:“Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.”

Jesús enseñó a sus discípulos que este tipo de arrogancia nace gracias a que nos llegamos a considerar justos en nosotros mismos y por consiguiente menospreciamos a los demás. Es un “cristianismo” que descansa en quiénes somos nosotros y no en lo que Cristo hizo por nosotros, un cristianismo en donde el rescatado se siente el héroe.

SE BENDE LIMON.

Cuando vas en la calle ¿Te has topado con ese cartel verde fosforescente que dice: SE BENDE LIMON?  ¿Qué haces? Como mínimo susurras un “¡No puede ser!” Pero si lo pensamos bien, ninguno nace siendo culto. Nacemos desnudos y llorando. Nadie salió del vientre de su madre diciendo: “Gracias Doctor, hizo usted un muy buen trabajo; y tú debes ser mamá, gusto en conocerte”. De hecho no es sino a través de un largo y a veces difícil proceso de enseñanza que nos vamos volviendo un poco más cultos y decentes.

Lo que quiero decir es que si tú sabes escribir, es porque alguien más te educó. Recibir educación es un regalo que te fue dado por otras personas que a su vez lo recibieron de otras personas y así hasta llegar a Dios, que nos da la capacidad para aprender.

Así es la salvación, no nacimos siendo santos, sino pecadores, pero en Cristo “fuimo hechos santos” y es hasta entonces que dejamos atrás el pecado. Es por eso que un cristiano no puede ser arrogante con respecto a los pecados que otros cometen, como si la santidad fuera su virtud y no el don que Dios le ha dado por medio de Cristo.

“¡Inciruncisos!”

La pregunta es, ¿Con qué lentes miras a los que no son creyentes? ¿Los miras con compasión o los miras con desprecio?

En el antiguo testamento, Dios le mandó al Pueblo de Israel a amar al extranjero:

 Trátalos como a israelitas de nacimiento, y ámalos como a ti mismo. Recuerda que una vez fuiste extranjero cuando vivías en Egipto. Yo soy el Señor tu Dios. Lev. 19:34

¿Qué tiene de grande esto? Que Dios los separó de todas las naciones para hacerlos un pueblo santo y no podían casarse con el extranjero, pues ellos eran un pueblo escogido y apartado para Dios. Por lo tanto, había esta inclinación maligna de sentirse superiores y ver a los extranjeros como gente “no digna” de ellos. Incluso tenían su propio adjetivo para describir a los que no eran de su raza: “INCIRCUNSISOS”, nada bonito ¿verdad?

Pero Dios les recuerda con este mandato, que ellos fueron extranjeros mucho tiempo en Egipto, por lo tanto debían mostrar empatía y amarles compasiva y misericordiosamente.

 Como si Dios les dijera: “Ustedes no hicieron nada para que yo los amara y escogiera para ser parte de mi familia, si yo no los hubiera rescatado de Egipto, ustedes seguirían siendo extranjeros, así que no se gloríen por tener una ciudadanía, en cambio, amen a los extranjeros, pues ustedes también lo fueron”.

Es lo mismo para nosotros como cristianos, esta es la forma en que debemos ver a los pecadores, recordar que nosotros estaríamos perdidos de igual manera, de no ser porque hubo una repentina manifestación de Dios sobre nosotros y como gente rescatada del fuego, entre escombros y ceniza, Cristo nos libró del desastre, nos adoptó como hijos y nos dio una ciudadanía. Toda la gloria es para él, todo el mérito es suyo.

Por tanto ve y ama a tu prójimo, no lo juzgues, no lo odies, no lo alejes de ti, ámalo, ¿Por qué? Porque cuando tú eras un pecador, Cristo hizo lo mismo por ti.