Spoiler alert. (Este post contiene spoilers de “End Game”)
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      Algo que en lo personal me fascina de nosotros los habitantes de este planeta es la capacidad que tenemos para expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que vivimos, lo que somos: El arte. Es maravilloso, me recuerda al Dios creador, el Gran artista que iluminó este planeta con su voz y creó todo cuando no había nada, ¿Su fuente de inspiración? Él mismo, su propia gloria.

Como seres creados a su imagen nosotros también somos artistas. Creamos historias, inventamos cuentos fantásticos, escribimos versos, cantamos melodías, pintamos recuerdos, tejemos poesías, creamos. Pero a diferencia del creador, nosotros no somos La voz, somos sólo el “eco”. Nadie aquí puede hablar y hacer que existan planetas, sólo Dios. De esta forma, nuestras “creaciones” son solo un eco de la gran creación y su creador, tomamos de lo que ya hay y nos inspiramos en lo que ya existe para imprimir una “versión personal” de algo que siempre ha sido.

Un ejemplo es el amor. A lo largo de las eras, el amor ha sido la fuente de inspiración por excelencia. También podemos ver el despliegue de la libertad, el dolor, la desesperación, la angustia y también la esperanza y la fe en gran cantidad de arte alrededor del mundo. Al final todo el arte no es sino un eco de nuestra existencia misma, cuya existencia gira siempre en torno al Dios creador de todo:

“La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen.” Sal. 24:1

Esta es la razón del porqué a veces las historias que contamos y los cuentos que inventamos tienden a contar la gran historia del Evangelio sin querer, porque si el arte es una expresión de nuestra existencia, nuestra existencia está definida por el evangelio, queramos o no.


Nuestras “creaciones” son solo
un eco de la gran creación
y su creador.

 

Algo del arte a veces mostrará la belleza del perdón o la grandeza de la esperanza. A veces también será un arte desolador, que nos recuerda nuestra condición sin Dios.

Cuando escucho grupos como Radiohead pienso en el vacío del hombre sin Dios y lo genuino que es su desesperada búsqueda por respuestas. Cuando escucho música como la de Sigur Ros pienso en cómo fuimos creados para adorar y maravillarnos de algo sublime que aún no conocemos del todo, pero que sabemos que está ahí. Historias como “Los miserables” de Victor Hugo, que ha conmovido a generaciones enteras y que es el vivo retrato de la ley y la gracia persiguiendo a un hombre malo para convertirlo en un nuevo ser, tal como lo describe el evangelio.

Lo mismo pasa cuando vemos películas, muchos de los guiones están compuestos por los mismos elementos:

Una persona que pierde algo, el rumbo, la paz, la alegría el sentido de vivir o bien que entra en un conflicto grave en su vida. Luego la historia nos llevará a un recorrido donde veremos una lucha para recuperar lo que se perdió y al final encontrar la respuesta, la salvación.

Y así es como el ser humano visualiza su existencia: Perdimos algo, ahora la vida es una batalla y al final esperamos ganarla y “ser felices para siempre”.

Precisamente este es el Evangelio: El hombre se extravió, perdió “algo”, su amistad con Dios, sus pecados lo llevaron a la autodestrucción y se encontró perdido y sin rumbo hasta que llegó la respuesta del cielo, un Salvador que vino a mostrarle el camino de regreso y a salvarlo con un sacrificio único y perfecto que pondría fin a sus vacíos y le daría esperanza eterna, un final feliz.

 

Perdimos algo,
ahora la vida es una batalla
y al final esperamos ganarla
y “ser felices para siempre”.

Estas similitudes están muy presentes sobre todo en las películas de superhéroes que en los últimos años han causado gran sensación. Por alguna razón disfrutamos ser salvados y no nos interesa ser los protagonistas, nos contentamos con ser los espectadores.

De igual forma somos meros espectadores de la maravillosa intervención divina en esta tierra: Un hombre que vino de otro reino y nació como un bebé para ser parte de nosotros, criarse como humano, servirnos como humano, morir como humano para salvar a todos los humanos: Jesús de Nazaret. ¿No es fascinante?

Es curioso que este evangelio luzca tan vívido cuando vemos “El hombre de acero”, un bebé de otro reino, enviado por su Padre al planeta tierra, criado por padres adoptivos y aunque no era de por aquí, se hizo como uno de nosotros, y llegó a ser “más humano” que el mismo Batman. Las similitudes continúan, pues es hasta su edad adulta que hace su aparición pública como Superman, y sus poderes se hacen notar en esplendor.

¿Que cuál es mi super héroe favorito? Tengo especial apego a los Guardianes de la Galaxia, ladrones y matones malvados, personas rotas y llenas de ego, enemigos entre sí que al final se convierten en una familia, ¿Alguien dijo “La Iglesia”? Esta nueva familia que se forma con Star Lord al frente, se convierte en una fuerza difícil de vencer. Antes, cuando cada uno vivía para sí mismo, no eran gran cosa, pero cuando sin buscarlo terminan en la misma nave y comparten una misión conjunta, aprenden a estar ahí para el otro, a entregarse a sí mismos por el equipo y a sacrificar todo por la familia que ahora han formado.

¿Quién no se sintió sobrecogido cuando Groot los abraza a todos bajo sus ramas y se sacrifica por ellos? “We are Groot”. Así como la Iglesia, estos héroes son capaces de portar la gran fuerza del infinito cuando se toman de la mano y sólo entonces es que pueden vencer a su poderoso adversario. No puedo dejar de pensar en la vida de iglesia cuando veo a este grupo imperfecto viajando juntos por el universo.

Enemigos entre sí que al final
se convierten en una familia,
¿Alguien dijo “La Iglesia”?

Y qué decir de Pantera Negra, la historia de un reino maravilloso escondido en medio del mundo y que teme exponerse y corromperse por la maldad de afuera, sin embargo al final entienden que Wakanda no puede vivir en las sombras pues el mundo exterior los necesita. No pude evitar pensar en la iglesia temiendo salir de sus 4 paredes mientras que Jesús nos dijo: “Vayan por todo el mundo, vayan a toda criatura”.

No podemos guardar la gracia (Vibranio) que nos fue dada para nosotros mismos, afuera en el mundo corrupto la necesidad es urgente y la humanidad espera por la manifestación de los enviados de Dios, su iglesia. Pantera Negra no se trata de un hombre que hace todo sólo, se trata de un pueblo que pelea unido y tenemos que admitir que Wakanda mueve de manera especial las fibras del corazón, pues todos nos sentimos atraídos a formar parte de algo más grande que nosotros mismos: ¡Yibambe!

Finalmente el punto culminante de la saga de Avengers se presentó recientemente con “End Game”, donde la ausencia de escenas post créditos nos avisan que es el fin de una era y una nueva está por comenzar. ¿Dónde está el evangelio en End game? En realidad estuvo desde Infinity War, cuando Dr. Strange visualiza 14 millones de futuros para evaluar las probabilidades de vencer a Thanos, pero en esos 14 millones de escenarios posibles y caminos por tomar, solo existe “un camino” que los llevará a la victoria definitiva. Es hasta “End Game” que descubrimos cuál era esa única opción: Iron Man dando el chasquido final y sacrificándose por la humanidad entera.

Este planteamiento es sumamente frío, porque nos dice que no existen muchas opciones de salvación, sólo una. No sería la súper fuerza, el poder o la resistencia de Los Vengadores lo que los llevaría a vencer; podrían haber luchado millones de veces todos unidos y de todas formas haber perdido, la única opción para ganar, era el sacrificio de uno solo.

¿Cuántas maneras existen para que la humanidad se salve? 

El gran planteamiento del Evangelio es igual de frío: Sólo hay una manera. Él sacrificio de uno solo.

Pienso en Jesús orando en el Getsemaní aquella noche, sudando sangre y sumido en gran aflicción viendo sus “posibilidades”, pero no hubo ninguna otra opción viable, la cruz era la única forma, así que termina diciendo: Hágase tu voluntad. Cuando Jesús muere, es cuando todos ganamos.

—Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí. Juan 14:6

¿Que por qué me atrevo a combinar historias ficticias con el evangelio? J.R. Tolkien decía que las historias fantásticas, aunque son ficticias pueden plantear grandes verdades, pues llegan a ser “ecos” de la verdad divina revelada desde la creación:

“Hay en los mitos, recuerdos del mundo no caído, un sentido de la vergüenza y la tragedia del quebrantamiento de nuestra vida presente; y hay indicios de la promesa y la esperanza de la redención…”

Por supuesto que la predicación de la Palabra es nuestro punto de apoyo y origen de poder para llevar este hermoso mensaje a todo el mundo, pero mientras seguimos en este viaje, uno no puede evitar oír los “ecos” y ver cómo la humanidad expresa de distintas maneras la Gran historia que nos define a todos por igual, la historia del Evangelio.