El “Padre nuestro” ha sido una oración muy malentendida y muy desgastada por el tiempo. Malentendida porque se ha tomado como un rezo, una repetición, un adorno espiritual para la vida. ¿Era esta la intención de Jesús cuando enseñó a orar a sus discípulos?

Cuando Jesús enseñó esta oración, no les estaba dando una oración mágica o mecánica para ser repetida puesto que eso sería contradictorio a las mismas palabras de Jesús cuando dijo: “Cuando oren, no usen vanas repeticiones”. (Mt. 6:7)

Si vamos al pasaje donde se encuentra esta oración, veremos que los discípulos solicitan a Jesús que les enseñe a orar. ¿Qué hizo Jesús? Les enseñó a orar. No les dijo, “Oren esto 3 veces al día, 5 veces por cada pecado y antes de iniciar un partido de futbol”. No fue así, los discípulos solicitaron aprender a orar y no “una oración para cada ocasión”.

Usa el Padre nuestro como guía y no como fórmula

Si nos limitamos a solo repetir oraciones, estaremos cayendo en un error y nuestra devoción a Dios será algo mecánico y frío. Con el tiempo veremos la oración como una fórmula mágica, en vez de una comunicación real con un Dios real.

Aquellos que ven esta oración como una fórmula, piensan más o menos así: “Si hago esta oración, entonces mis pecados serán perdonados” “Si hago esta oración entonces Dios me bendecirá en este día”, “Si hago esta oración será como un escudo protector sobre mí”. Fórmula.

 

                                               “Ustedes deben orar así” (Mt. 6:9)

Observemos que no dijo, “repitan esto”, sino dijo, “oren de esta manera”.

Jesús les dio el “Padre nuestro” como una guía para orar y para entender el propósito de la oración, mas no les estaba dando una oración pre-fabricada y lista para usarse.

Es así que entendemos que esta oración fue un ejemplo de cómo orar y un modelo sencillo para que nuestras oraciones no salieran de ese marco.

 

¿Entonces qué hacemos con el Padre nuestro?

Al inicio de estas líneas mencioné que ha sido una oración malgastada y es que por la familiaridad tan grande que tenemos con ella y el mal uso que se la ha dado a través de la historia, nos sentimos algo incómodos pronunciando sus versos. Como si el mundo y las religiones se la hubieran apropiado como “marca registrada” y ahora ya no pudiéramos usarla.

Observo muy a menudo a los cristianos evangélicos mirando de lejos esta oración y hasta con cierta sospecha. Recuperemos esta oración, no es marca registrada, es una enseñanza de Cristo para nosotros sus discípulos.

Bien podríamos tomar esta oración como una estructura sana para nuestra devoción diaria, Lutero lo hizo de esta forma:

Él oraba 2 veces al día el Padre nuestro, no repitiéndolo, sino pronunciando sus líneas como base de su oración. Por ejemplo, al decir, “Padre nuestro que estás en el cielo”, se detenía para a continuación extraer de su corazón palabras propias, inspiradas por el Espíritu Santo concernientes al hecho de saber que somos hijos de Dios y Él es nuestro Padre. Así la oración está guiada por el Padre nuestro, mas no limitada a la repetición.

Es así que podríamos concluir que “El Padre nuestro” no pretendía limitar nuestra oración, sino potenciarla. No pretendía ser un rezo, sino una guía. No pretendía ser una fórmula, sino un ejemplo de comunicación viva y real con un Dios real.