“¡Es hora de aventurarte a cosas nuevas!” ¿Suena bien no? Me gusta esa frase para cuando en la oficina estamos estancados en ideas o para cuando has tenido un proyecto guardado y no te has animado a trabajar en él, es entonces cuando este pensamiento de “aventurarte” que nos venden afuera tiene sentido. Pero aunque la aventura es buena, no deberíamos aplicarlo a todo en nuestra vida, en especial cuando se trata de nuestro matrimonio.

Si ya tienes años de casado, seguro me entenderás, pues la rutina diaria no  es precisamente algo que nos provoque adrenalina, más bien se puede volver algo monótono, demasiado cotidiano, demasiado de lo mismo: El mismo horario para despertar, los niños, lunch, escuela, oficina, la comida, limpiar, tareas escolares, actividades vespertinas, un poco de esto y lo otro y a dormir, porque mañana comenzamos de nuevo y todo será lo mismo.

Es en este punto donde la “voz de la aventura” comienza a despertar y te dice que vayas en busca de emociones nuevas, que mires afuera de casa y que contemples el horizonte, te des un respiro, que pruebes algo diferente. ¿Has escuchado esta voz? ¿Si? Lo supuse. Pero hagamos algo, dediquemos unos minutos para escuchar otra voz y dejemos que nos ayude hoy a cuestionar la oferta de “la aventura”, ¿Les parece? Aquí vamos.

¿Lo nuevo es mejor?

La voz de la aventura nos dice que lo nuevo es mejor. Suena lógico si piensas en un auto, que con el uso se va desgastando y cada vez vale menos por el kilometraje y el año en que fue fabricado. En este caso lo nuevo sí es mejor; sería conveniente buscar un modelo nuevo antes de que el auto nos deje botados a medio camino ¿no es cierto?

Ahora piensa en el vino, que entre más tiempo pasa mejor sabor y mayor valor adquiere. En este caso lo nuevo NO es mejor. Si alguien quisiera cambiar tu botella 2001 por una 2015 no te causaría gracia.

Pues bien, ya me entendieron: El matrimonio no es un auto, es una botella de vino.

Si eres cristiano entonces lo sabes. Un matrimonio que florece bajo la luz de la Palabra de Dios, es un matrimonio que con el paso de los años se hace más fuerte y adquiere un valor enorme. Tu pareja ya no es la de antes, no digo que sea perfecta, pero por favor piensa esto, tu esposa (o) a lo largo del tiempo se ha ido adaptando a ti por amor, ha elegido dejar a un lado gustos por ti, incluso ha hecho algunos esfuerzos por cambiar para hacerte feliz. Es esa persona que aprendió a aguantar tu mal humor y tus días malos, te tolera, te comprende y te anima cuando nadie más está ahí. Eso es el matrimonio, los años no lo echan a perder, al contrario, lo maduran y lo hacen florecer hasta convertirse en una relación invaluable, una que no cambiarías por una aventura que no te daría ni por asomo lo que lo añejo del vino puede darte.

 ¿La rutina es mala?

La “voz de la aventura” nos dice que la rutina es mala, que no vale la pena una vida así, que esforzarnos todos los días por las mismas cosas es algo mediocre o poco valioso.

¿Te has dado cuenta que los matrimonios sólidos son aquellos que son capaces de permanecer juntos en la cotidianidad y ser felices? Porque la vida no se construye con aventuras, sino con rutinas.

La aventura se burla de la rutina, la menosprecia y la mira para abajo. Pero se equivoca, la rutina es fabulosa, vivir en rutinas es forjar el futuro, construir un hogar, edificar un entorno seguro para nuestros hijos, es amor y servicio diario, es compromiso constante que desborda en pequeños actos de amor. Enrolarse en lo cotidiano no habla de alguien que se conforma, sino de alguien que ama intensamente, que está dispuesto a vivir cada día con sus altos y sus bajos contigo por amor.

Piénsalo, las cosas que más importan están hechas de rutinas, la aventura son momentos cortos, pero la rutina construye grandes, significativos y perdurables momentos.

 

…es compromiso constante que desborda
en pequeños actos de amor.

 

En lo personal, veo que mi amor por mi esposa es mayor a cuando nos casamos, ¿Por qué? Bueno, antes era solo una chica que me hacía feliz, pero con el tiempo se ha convertido en una mujer maravillosa que me ha dado todo y que ha estado dispuesta a tomar mi mano y ser mi acompañante de vida, es esa persona que está ahí siempre y que hace que la rutina sea valiosa. Lo que trato de decir es esto, que no cambiaría la vida rutinaria que tengo con ella por una aventura pasajera.

¿Casarse es vivir reprimido?

¿Acaso el matrimonio se trata de dos seres que decidieron reprimirse de por vida? Pues aunque la “voz de la aventura” te diga que estás reprimido, la Biblia te dice que estás honrando a Dios al haber hecho un pacto con una persona para toda la vida. No estás reprimido, estás comprometido, y asumir un compromiso como este no es algo que debería avergonzarnos, al contrario, comprometerse es amar de verdad.

A muchas personas les gustan las películas de guerra, peleadores o ejércitos medievales enfrentándose a muerte por causas sublimes como la libertad o la justicia. Nos gusta la idea de morir así, (o al menos a mí sí) morir peleando por aquello que más amas, enfrentarte a los enemigos que atentan contra tu libertad y dar tu vida por la gente que te importa. Es una muerte honorable y hermosa.

 

…comprometerse es amar de verdad.

 

El matrimonio es como ir a la guerra a pelear por amor y entregarte hasta la muerte. Así nos amó Jesús, entregando su vida en la cruz para salvarnos. Esa fue la mayor muestra de amor, pues “nadie tiene mayor amor que este, que uno de la vida por sus amigos”. El matrimonio finalmente es el reflejo del amor de Cristo por su esposa la iglesia, la Biblia lo dice así:

“…Ame cada uno a su esposa tal como Cristo amó a la iglesia. Él entregó su vida por ella”. Efesios 5:25

Así es como veo el matrimonio: Entregar la vida. Me hace pensar en Jesús amándonos hasta el final, amándonos hasta la muerte. Nadie pensaría que tal amor es vivir reprimiéndose, al contrario, esa clase de amor es la que todos querríamos, un amor comprometido, sacrificial y eterno, que no se deja desgastar por el tiempo, que nos acompaña en lo rutinario de la vida y se entrega sin condiciones. Entregar la vida es amar y la aventura superficial, momentánea y pecaminosa, nada sabe de eso.