Hermanos, ustedes han sido llamados a la libertad,
sólo que no usen la libertad como pretexto para pecar;
más bien, sírvanse los unos a los otros por amor.

Gal. 5:13

¿Recuerdas el Edén? ¿Ese jardín nudista donde uno podía comer todo lo que quisiera?

Imagino a Dios creando los colores de las frutas para hacerlos atractivos a nuestros ojos, dando un sabor extravagante al mango para el deleite de nuestro paladar y una consistencia única a la pera, todo por el simple hecho de hacerlo disfrutable y entonces Dios les dijo: “De todo árbol pueden comer…” Ahí el hombre y la mujer tenían todo, no necesitaban nada más, estaban completos en Dios.

Cuando pienso en cómo el Evangelio nos ha traído libertad, pienso en el Edén y vislumbro esa libertad de poder disfrutar por entero la creación y glorificar a Dios por ello.

Sin embargo, en aquel entorno de libertad y deleite había un límite que no debían pasar, el árbol del conocimiento del bien y del mal estaba prohibido. ¿Adivina de qué árbol quisieron comer? Así es.

Paréntesis. Antes de ponernos a juzgar a Adán y Eva, admitamos que nosotros habríamos hecho lo mismo. ¿Alguna vez has excedido un límite? ¿Alguna vez has hecho algo que no debías? Ahí tienes, somos iguales. Se cierra paréntesis.

Cada vez que se paseaban por el huerto y pasaban de largo ese árbol de muerte, estaban dando un paso hacia su libertad, pues comer de ese árbol no supondría “mayor libertad”, sino una tormentosa y terrible esclavitud.

La libertad que Dios les había dado era la libertad de disfrutar de todo lo bueno dejando a un lado lo malo. Esa es la libertad cristiana, deleitarnos en Dios y no en el pecado.

Mi deseo como cristiano, es poder disfrutar de la libertad que su gracia nos regala de una manera sana que dé honor al nombre de Jesús y a su evangelio.

Es por eso que te comparto 4 consejos para seguir siendo cristianos verdaderamente libres en el “huerto” del evangelio:

 

  1. Echa mano de la gracia.

Erróneamente algunos han usado la libertad que Dios nos ha dado en Cristo para dar rienda suelta a sus pasiones, como dice Gálatas 5:13, “un pretexto para pecar”, confundiendo la gracia que nos cubre para ser libres del pecado, con una gracia que nos “encubre” cuando pecamos.

Esta gracia falsa, como bien lo dice la Biblia es un pretexto para seguir siendo iguales. No es una gracia que nos confronta por nuestro pecado, sino una que parece alentarnos en él, haciendo lucir el pecado como algo inofensivo. “No morirán”, dijo la serpiente.

En cambio, la verdadera gracia, va a hacernos ver el pecado tan grave y grande como es y jamás lo minimizará, “De cierto morirán, dijo Dios”. Es sólo cuando vemos lo grave del pecado que desearemos escapar de él.

¿El pecado en tu vida es algo que toleras o que aborreces? Este es el verdadero test espiritual.

Echa mano de la gracia para vencer el pecado, no para solaparlo. La gracia está aquí para quitarnos de encima la culpa cuando caemos y así poder levantarnos del piso con fuerzas renovadas para seguir luchando contra el pecado hasta vencerlo.

 

  1. No te acerques demasiado.

Imagina el pecado como un precipicio, uno puede acercarse e incluso mirar por la orilla y no pasa nada, pero si te acercas demasiado y te descuidas podrías caer por la borda.

Piénsalo así, si Eva no se hubiera acercado demasiado a ese árbol, quizá la serpiente no la hubiera atrapado con sus palabras. Supongo que ella era como nosotros, que creemos que podemos jugar con fuego y no quemarnos.

Inició una conversación que parecía “inofensiva”, le siguió el juego a la serpiente y finalmente cayó en la trampa.

Así inician muchos pecados en nuestra vida, creyendo que lo tenemos bajo control y que no pasará nada si tocamos un poquito el borde del árbol.

¿Quieres hablar de libertad? Ponte límites seguros y experimentarás mayor libertad.

La música que oyes, las series que ves, el uso del celular, las amistades que tienes y todo tu estilo de vida debe estar marcado por límites seguros.

Esto me lleva al tercer punto.

 

  1. Juega bonito.

A veces nuestros padres nos dejaban hacer cosas que usualmente no permitirían, como jugar a la guerra con palos o mojarnos en la calle con nuestros amigos. ¿Recuerdas algún episodio así?

Todos salíamos despavoridamente sin poder creer que nos habían dado permiso de tal cosa. Comenzaba el juego y regularmente era difícil que perdurara más allá de unos cuantos minutos, ¿Por qué? Porque Manuelito salió llorando ya que Felipe le dio en la cabeza con el palo o porque Pepe se mandó con el agua y mojó la casa de la vecina enojona. Siguiente toma, todos adentro.

Si bien el evangelio nos da libertad, debemos ser sabios a la hora de usar esa libertad, ponerle algunas “reglas sanas” al juego y jugar bonito para que nadie salga lastimado.

Podría pensar ahora en el alcohol, que no es pecado consumirlo, aunque si es pecado excederse al punto de emborracharse. No hagamos tonterías con nuestra libertad.

Si el alcohol se ha estigmatizado entre el medio cristiano, es porque no “jugamos bonito”, nos excedemos y al final en algún momento se decide poner en la categoría de pecado para nuestro propio bien.

Por otro lado, si el alcohol es un problema para ti, te diría que lo saques definitivamente del mapa. No es pecado si lo consumes, pero es pecado cuando te consume a ti. Fíjate bien que la libertad que crees tener no se convierta en esclavitud. Juega bonito.  

No hagamos tonterías

con nuestra libertad.
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  1. No, no puedes tener un tigre por mascota.

Alguna vez leí que el pecado era como un tigre salvaje, si lo metes a tu casa y lo intentas tener de mascota las cosas van a acabar en desastre. Pero nos gusta pensar que el tigre puede ser domado y que con el tiempo aprenderá a no comerse nuestro brazo o a no atacarnos por las noches mientras dormimos.

Así, muchos cristianos tratan de sobrellevar el pecado en sus vidas en vez de violentamente deshacerse de él, tal como lo dijo Jesús:

Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Mateo 5:29

Esta violencia nos muestra lo agresivos que debemos ser con el pecado y lo mucho que debemos estar dispuestos a sacrificar con tal de no caer en sus encantos. Como bien lo dijera el puritano John Owen:

Mata al pecado o el pecado te matará.

¿Habrá amistades que te sean ocasión de caer? ¿Estás conviviendo con el pecado? ¿El alcohol te está haciendo perder el juicio? ¿Esa amistad está yendo demasiado lejos? Entonces tienes un tigre en casa y en cualquier momento va a matarte. No trates de domarlo, acaba con él.

En conclusión, Ir más allá de los límites no es un juego, las consecuencias son fatales.

Dios ha hecho cosas maravillosas para nuestro deleite, por ejemplo la comida, los sabores, ¿Qué tal el café o el vino? ¿Qué me dicen del sexo?

Estas y muchas cosas más son parte del menú de nuestro “Édén”, ¡Coman! dice Dios. Somos libres para hacerlo, pero aún ahora, sigue habiendo límites que no debemos cruzar si queremos seguir disfrutando de nuestra libertad y no reducir nuestra vida a una miserable esclavitud.