¿Qué quiere Dios de mí? Es una pregunta que la mayoría nos hemos hecho. Espero que este post pueda ser una respuesta clara.

En una ocasión Jesús predicó a una multitud desde una montaña, la gente estaba muy admirada por su enseñanza, sin embargo Jesús cerró este sermón con una pregunta que hoy sigue resonando entre aquellos que nos llamamos sus discípulos: “¿Por qué me llaman ustedes “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo?”.

Es una pregunta seria, porque verán, a los cristianos nos gusta mucho oír sermones, es parte de nuestra vida y es sin duda de vital importancia, sin embargo, Jesús lanza esta pregunta final, como si quisiera decirnos: “Ahora vayan y hagan lo que les digo, no se contenten solamente con escuchar, tenemos que actuar”.

Para fortalecer su punto, Jesús les contó este relato:

“Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida”

Este hombre estaba preparado para los golpes de la vida, porque había puesto en práctica la palabra, había sido diligente en poner manos a la obra cuando se trataba de responder a las enseñanzas de Jesús y cuando vino la catástrofe, estaba listo, nada lo movió.

La enseñanza por sí sola, son palabras que entran a nuestros oídos y pueden alterar nuestras emociones, pueden provocarnos, confrontarnos y hacernos ver lo que es necesario cambiar. Muy bonito, pero no es suficiente. Si un cristiano oye, siente, reflexiona e incluso llora, pero no actúa, entonces es comparado con otro hombre:

“Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó, y el desastre fue terrible”.

Si somos discípulos, necesitamos responder a Jesús. Él no necesita seguidores que le den like a sus sermones y luego sigan con el siguiente post. Jesús no necesita que le demos un aplauso por sus enseñanzas y le digamos que “estuvo padre”. Jesús no quiere sólo nuestra admiración, quiere nuestra obediencia. Ahí está nuestra respuesta a la pregunta central. La obediencia es la marca de un verdadero discípulo:

“Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos. Juan 8:31

Vamos a ponernos serios.

Como veras necesitamos ponernos serios si en verdad queremos seguir a Jesús. Permíteme darte algunas recomendaciones para una vida cristiana de obediencia:

  1. Aprende de Jesús.

Jesús dijo “aprendan de mí”. ¿Cómo podemos aprender de Jesús? Por medio de su palabra. La Biblia debe ser aquello que alimente nuestra vida espiritual y al mismo tiempo el motor de nuestras acciones.

Lo diré así: No vas a encontrar la inspiración suficiente o la fuerza de voluntad suficiente para convertirte en una persona piadosa, viendo un amanecer, subiendo una montaña, viendo una peli llegadora, escuchando Beethoven, o cualquier cosa que despierte por un instante tus emociones. Para cambiar, necesitamos más que emociones, necesitamos “convicción”, esa que sólo puede dar la Palabra de Dios por medio de su Espíritu Santo.

Por tanto, escucha la palabra de Dios, lee la Biblia todos los días, así Jesús será tu Maestro y tú serás su discípulo. Cuando abras tu Biblia, procura hablar con Dios mientras escuchas su enseñanza, hazle preguntas, pide su ayuda para entender lo que lees y alimenta así tu relación con él.

Pero atención, no te quedes ahí, no te contentes con aprender de Jesús. Un discípulo aprende de Jesús, para ser como Jesús.

  1. Sé cómo Jesús.

Cómo lo dijimos anteriormente, uno puede identificarse como discípulo hasta que llega a este punto: Obediencia. Si queremos ser discípulos de Jesús, debemos ser como Jesús y vivir como él vivió, así lo dice Juan en su carta a la iglesia:

¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos…De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió”. 1 Juan 2:3,5,6.

¿Cómo vivió Jesús? Jesús fue obediente al Padre, se sometió a su voluntad, aunque esa voluntad implicara sufrimiento e incluso la muerte, esa es la obediencia perfecta: “…se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”.

Ahora bien, la obediencia se puede resumir en dos palabras que bien podrían ser el eje de la vida cristiana práctica: Amar y servir.

“Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo sabrán que son mis discípulos…”. Juan 13:34, 35a.

Para no dejar nada al aire, la Biblia también nos dice que “No amemos de palabra, sino de hecho y en verdad”. Es decir, no debemos andar por ahí ondeando la bandera del amor si no podemos demostrarlo. Jesús, más que decirnos que nos amaba, nos mostró que nos amaba, ¿Cómo? Dice que la Biblia que Jesús “anduvo haciendo bienes a todos”, también dice que “en esto se mostró su amor por nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros”. Podría decirse que Jesús mostró su amor en la manera en que nos sirvió. Así que, cuando acabes de leer tu Biblia, acostúmbrate a hacerte estas preguntas:

¿Cómo puedo amar como Jesús amó? ¿Cómo puedo servir a otros como Jesús sirvió? ¿Cómo puedo obedecer lo que acabo de aprender? ¿Qué cosas prácticas podrían ser una respuesta de obediencia? Y a continuación podrías escribirlo, “Debo hablar con mi amigo y pedirle perdón”, “Podría invertir más tiempo en servir a otros que en vivir para mí mismo”, “Debo reacomodar mi agenda y destinar más tiempo para mi familia”, “Hablarle a esa persona que ya no he visto en la iglesia y ayudarle a regresar”, etc.

Si necesitas ayuda para saber cómo responder a la Palabra con una vida de obediencia, antes de hacer tu lista, haz una oración y pregúntale a Dios, “¿Qué quieres que haga? Ayúdame a obedecerte, guía mis decisiones y mueve mi corazón para poder responder a ti en obediencia”.

Luego de hacer esa lista viene lo más importante: ¡HÁZLO!

Recuerda que cuando Jesús obedeció, le costó la vida. No todos llegaremos pagar el mismo costo, pero sin duda obedecer no será fácil.

Recuerda, Jesús no quiere sólo tus lágrimas, no quiere solo tu admiración, no le interesa que escuches mil sermones a la semana en internet o que leas 3 libros cristianos al mes si nada de eso mueve tus pies y tus manos a la acción.

Pero Samuel respondió: —¿Qué es lo que más le agrada al Señor: tus ofrendas quemadas y sacrificios, o que obedezcas a su voz? ¡Escucha! La obediencia es mejor que el sacrificio, y la sumisión es mejor que ofrecer la grasa de carneros. 1 Samuel 15:22