En mis años de caminar en el Evangelio he notado que la común frustración en un creyente es que no es tan cristiano como él quisiera. Algo semejante le ocurrió a un joven adinerado que se acercó un día a Jesús y le preguntó, -Maestro, ¿Qué bien haré para heredar la vida eterna?-

Este joven había cumplido con los mandamientos, (al menos eso creía él) pero aun así no estaba satisfecho, su pregunta lo revela.

¿Alguna vez te has encontrado en este mismo círculo? Haces cosas buenas, cumples con requisitos externos, asistes a todas las reuniones de la iglesia sin falta, procuras leer tu Biblia diariamente, orar, tener cantos cristianos, cero alcohol, cero TV, cero azúcar, (ok azúcar no). Pero nada de eso en realidad logra calmar tu frustración.

Este pobre hombre rico se siente miserable y perdido, siente que no ha hecho lo suficiente para ganarse el cielo, siente que algo más le falta y no estaba equivocado, una cosa le faltaba:

—Todavía te falta una cosa (le dijo Jesús): vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. (Lucas 18:22)

Quizá te pasa lo mismo que al joven rico, quizá te falta lo más importante, quizá te falta Jesús.

¿Sabes que podemos tener muchas obras buenas y aun así faltarnos Jesús? Lo que es igual a vivir en una religión vacía y sin vida, dependiendo de nuestras obras y nuestro buen comportamiento, envueltos en activismo, en un entorno donde Jesús se ha vuelto intrascendente y donde la moral es nuestra mayor gloria. Una religión en donde necesitamos constantemente sentir que estamos logrando más para Dios, sirviendo a Dios como una necesidad para aliviar culpas, pero sin encontrar vida en nada de esto.

¿Vives a través de las obras o a través del Evangelio? o para ser más claros, ¿Tu vida cristiana descansa en lo que Cristo es y ha hecho por ti o en lo que tú eres capaz de hacer para él?  Examinémonos un poco:

 


Vivo a través de mis obras

 Vivo a través del Evangelio

Constantemente me encuentro dudando de mi Salvación

Tengo certeza de mi Salvación porque Cristo es mi Salvador.

Hago cosas buenas para sentirme aceptado por Dios. Hago lo bueno porque Dios ya me ha aceptado por medio de Cristo.
Descanso en mi obediencia para llegar a ser salvo. Descanso en la obediencia perfecta de Cristo y en su obra consumada en la cruz para ser salvo.
Siento la necesidad de añadir más requisitos a mi devoción a Dios y pagar así por mis pecados.

 

Cuando hago todo bien me siento con más confianza de acercarme a Dios que cuando no. 
No busco añadir peso a mi caminar con Dios, pues Jesús cargó y pagó en su cuerpo mi pecado.

 

Me acerco confiadamente a Dios sin importar mi condición, pues por la cruz puedo saber que soy aceptado por Él. 

 

Si hoy preguntáramos, ¿Cómo sabes que eres un verdadero cristiano? ¿Qué responderías? Algunos en la iglesia primitiva en Galacia decían: “Sé que soy cristiano porque ya me circuncidé”. Algunos hoy en día podrían también responder, “bueno, soy bautizado”.  Pero la respuesta es mucho más simple que eso:

“Sé que soy Cristiano porque Cristo ha muerto por mis pecados y me ha salvado”. Alguien que puede reconocer ésta sencilla realidad y creerla de todo corazón, es un verdadero cristiano.

Creer en su obra consumada en la cruz que te perdona, te da nueva vida y te hace acepto delante de Él y estar satisfecho, completo y seguro en todo lo que Dios es para ti en Cristo, eso es ser un verdadero cristiano. 

Las obras no salvan, no liberan del pecado, las reglas no apagan la maldad, la moralidad no resuelve la pecaminosidad del corazón ni apaga el deseo por el pecado, solamente disfraza al hombre pecaminoso en un hombre moral.

El evangelio en cambio, no toma al hombre pecaminoso y lo disfraza de moral, sino que toma al hombre pecaminoso y lo transforma en un hombre nuevo, con una nueva naturaleza. Ese hombre nuevo, no depende de su moral, depende de Cristo. Esta verdad no devalúa la vida práctica cristiana de buenas obras, al contrario la impulsa con mayor fuerza, pues creemos que las obras que agradan a Dios son precisamente las que responden a la gracia y no a la culpa o a la imposición humana. Un pecador que se sabe perdonado responderá a la salvación con buenas obras.

Así que te dejo con estas palabras para ti que has vivido dependiendo de solamente de tus obras:

No añadas más obras a tu religión, porque acabarás en el mismo lugar, en cambio sigue a Jesús y entonces ya no necesitarás añadir nada más.

“Todavía te falta una cosa”, te falta Jesús.